Microsoft Flight Simulator 2024 surge como el relevo más ambicioso dentro de la franquicia desarrollada por Asobo Studios y publicada por Xbox Game Studios. Tras el éxito y la expectación despertada por Microsoft Flight Simulator 2020, esta nueva entrega llega con la intención de no limitarse a un mero parche o ampliación, sino de redefinir ciertos aspectos clave del simulador. Su presentación se apoyó en promesas de mejoras técnicas, integración de la nube para optimizar el almacenamiento local y la incorporación de un sistema de progresión mediante un modo carrera con misiones específicas. Al anunciarse en el Xbox Games Showcase de 2023 y lanzarse formalmente el 19 de noviembre de 2024 para PC y Xbox Series X/S, el título pretende unir los mundos del público más casual y los aficionados ávidos del detalle aeronáutico.

Sin embargo, esta ambición viene emparejada con cierto escepticismo: ¿hasta qué punto las novedades justifican el cambio generacional? ¿Se mantiene la esencia de sofisticación técnica esperada por los “simmers” más exigentes? A lo largo de este análisis, se examinará qué tan bien ha logrado equilibrar Microsoft Flight Simulator 2024 sus aspiraciones técnicas y jugables, y cuáles son sus flancos más débiles.

Contrariamente a otros géneros, un simulador de vuelo no suele apoyarse en una narración lineal ni en personajes definidos. En este sentido, Microsoft Flight Simulator 2024 asume que el relato lo construye el propio jugador. No hay una trama central predefinida con giros argumentales, sino que la “historia” emerge a través del modo carrera: el piloto virtual inicia su trayectoria con certificaciones básicas, vuela misiones variadas —como extinción de incendios, transporte sanitario, rescate en zonas montañosas o vuelos ejecutivos— y gana progresivamente reputación, mejores aeronaves y acceso a desafíos más complejos. Ese hilo de progresión pretende ofrecer coherencia y motivación más allá del vuelo libre.

Desde el punto de vista crítico, esta estructura funciona parcialmente. Por un lado, aporta objetivos y sentido de avance: no es solo “salgo a volar”, sino “cumplo misiones para crecer como piloto”. Eso da cuerpo al simulador como “juego” y no solo como herramienta. Por otro lado, algunos episodios del modo carrera se sienten repetitivos, con diálogos generados automáticamente que pueden pecar de frialdad o falta de naturalidad, y con misiones que a veces no logran diferenciarse por suficientes matices. En ciertos momentos se nota que la narrativa emergente cojea frente a un guion tradicional más pulido. Aun así, para un género que históricamente carece de “historia”, este sistema cumple con el cometido de dotar de estructura sin romper con la filosofía del simulador.

La faceta jugable representa el corazón de Microsoft Flight Simulator 2024, y es donde el título más necesita convencimiento. A grandes rasgos, puede entenderse como una superposición de niveles de profundidad: desde un vuelo asistido y accesible para quienes no conocen nada de aviación, hasta un modo sin ayudas que exige un dominio realista de la aeronave. Con los asistentes activados, el juego guía al piloto paso a paso; los primeros vuelos con aviones ligeros permiten familiarizarse con los controles esenciales. Conforme se desactiva ese soporte, el simulador revela su verdadera complejidad: dinámica aerodinámica precisa, sistemas eléctricos, hidráulicos, combustible y más.

Lo más notable de esta versión es la inclusión de nuevos tipos de misiones especializadas (rescate, bomberos, transporte pesado, vuelos rasantes) que obligan a usar estrategias distintas según el contexto. No basta con despegar y aterrizar: hay que adaptarse al entorno, planificar rutas, considerar altitud, meteorología, peso, autonomía. En este sentido, Microsoft Flight Simulator 2024 exige pensamiento táctico y constancia. La progresión en el modo carrera también introduce incentivos para refinar habilidades y desbloquear misiones más sofisticadas.

Durante las horas de prueba, la sensación es que los vuelos simples resultan satisfactorios, incluso liberadores, pero cuando uno decide enfrentarse al simulador puro, emergen tensiones. Las transiciones deben hacerse con calma: apagar todos los asistentes de golpe es un choque duro. En ciertos momentos el simulador castiga el más mínimo error de cálculo, y la curva de aprendizaje se percibe empinada. Aun así, esa exigencia es parte del atractivo central para los usuarios más dedicados. Un punto crítico surge en misiones de precisión o condiciones adversas: cuando el simulador revela sus errores técnicos (cargas de texturas tardías, fallos en streaming de terreno, interrupciones de servidor) pueden romper la inmersión y frustrar. En resumen, la jugabilidad es rica, exigente y gratificante, pero no está exenta de tropiezos técnicos que todavía empañan la experiencia.
Visualmente, Microsoft Flight Simulator 2024 aspira a ser el simulador más ambicioso de su generación, con mapas globales detallados, fotogrametría en ciudades clave y mejoras en iluminación, nubes, efectos climáticos y transiciones estacionales. La proyección es clara: que el mundo parezca vivo y coherente desde el aire. En los vuelos de prueba se aprecia una notable evolución respecto a la versión 2020, especialmente en núcleos urbanos donde los edificios tienen más definición, en vegetación y en la forma en que la luz interactúa con las superficies.

No obstante, el rendimiento gráfico está condicionado por la dependencia del streaming de datos y el uso de almacenamiento en la nube. En ciertos momentos, la carga de geometría local falla o llega tarde, provocando edificios que aparecen delante del avión o texturas que “despliegan” con retraso. Ese efecto es más visible en zonas densamente urbanas o en cañones pronunciados. Aun así, cuando todo funciona como debería, las panorámicas son impresionantes: amaneceres, tormentas, reflejos en agua, sombras proyectadas sobre relieves… el título logra momentos de pura contemplación aeronáutica. Hay una tensión permanente entre lo que el motor gráfico puede ofrecer y los límites impuestos por la infraestructura de streaming, un escollo que el equipo de desarrollo aún debe pulir.

El aspecto sonoro se divide en tres componentes: efectos de sonido, banda sonora ambiental y voz (o doblaje) en las misiones guiadas. En lo que respecta a efectos, el simulador está bien resuelto: los motores rugen con verosimilitud distinta según tipo de aeronave, las turbulencias, los vientos y la interacción con vacío o altitud alta se sienten presentes a lo largo del vuelo. Los sonidos de cabina, alertas y sistemas también ayudan a aumentar la sensación de realismo y atención constante.

La banda sonora ambiental queda en un plano secundario, puesto que el foco es el vuelo y el entorno climático más que una pieza musical dominante. Cuando hay música, ésta es discreta y acompaña sin invadir; su función es reforzar la inmersión sin reclamar protagonismo. En cuanto a las voces, el punto más flojo: los diálogos del modo carrera se generan mediante inteligencia artificial y eso se traduce en entonaciones rígidas, pronunciaciones erráticas y momentos poco naturales. En misiones más elaboradas, la conversación entre el simulador y el piloto suena más funcional que convincente. Ese componente narrativo, que debería reforzar la inmersión, en ocasiones la rompe. En resumen, el sonido cumple más de lo que falla, pero el uso automatizado de voces representa una decisión controvertida desde lo artístico.
En conjunto, Microsoft Flight Simulator 2024 representa un paso audaz para la serie: introduce un propósito jugable más claro, mejora detalles visuales y refuerza la complejidad técnica, todo con la ambición de ser más que un “simulador de vuelo estático”. Su modo historia estructurado mediante misiones aporta dirección; su jugabilidad combina accesibilidad y profundidad; sus gráficos rozan momentos de admiración; y su sonido, salvo la voz generada, acompaña con solidez.

Pero no es un producto sin fisuras: las fallas de carga de texturas, los glitches de streaming, los diálogos robóticos y la altísima exigencia técnica en momentos críticos diluyen parte de su brillo. Para entusiastas del género que estén dispuestos a tolerar esos tropiezos, el juego ofrece recompensas sustanciales. Para jugadores más casuales, ciertas barreras técnicas pueden resultar frustrantes. En definitiva, Microsoft Flight Simulator 2024 no es una revolución perfecta, pero sí una evolución ambiciosa: un simulador que mira a un público más amplio sin perder del todo su alma de máquina de vuelo.
