Cataclismo es una propuesta ambiciosa dentro del género de estrategia en tiempo real, con fuertes tintes de defensa de torres y construcción modular, desarrollada por el estudio Digital Sun y publicada por Hooded Horse. El juego fue lanzado oficialmente en marzo de 2025, tras un periodo prolongado en acceso anticipado desde julio de 2024, lo que permitió un pulido progresivo de sus mecánicas fundamentales. En su concepción, Cataclismo se presenta como una evolución de las ideas tradicionales del género, mezclando gestión de recursos, exploración y defensa ante oleadas crecientes de enemigos nocturnos. Su sistema de construcción “pieza por pieza”, inspirado en la sensación de ensamblar ladrillos o bloques, es uno de sus rasgos más distintivos, intentando ofrecer una libertad creativa al jugador en el diseño de fortalezas y murallas.

Desde sus primeros avances se percibía que Digital Sun buscaba un enfoque híbrido: no un simple tower defense, pero tampoco un RTS convencional. Esa audacia ha generado expectativas altas, pues la fórmula debe sostenerse ante varios elementos que compiten por atención: la planificación arquitectónica, la táctica militar de las unidades, la progresión tecnológica y la gestión de una comunidad de supervivientes en un mundo azotado por una niebla malsana y criaturas llamadas “Horrors”. En cierto modo, Cataclismo pretende reconciliar estilos de juego que suelen existir en espacios separados, aportando singularidad dentro del catálogo de estrategia actual
La trama de Cataclismo gira en torno a un mundo devastado por un cataclismo mágico que ha sumido al planeta en una densa niebla venenosa, propagando horror y destrucción. En la historia, la humanidad apenas se sostiene en enclaves seguros —citadelas y bastiones— mientras criaturas mutantes emergen cada noche para asaltar lo poco que queda en pie. El jugador asume el papel de un líder encargado de reconstruir la esperanza, guiando a los supervivientes, expandiendo asentamientos y defendiendo esos núcleos frente a la oscuridad que acecha. A lo largo de la campaña, el personaje central llamado Iris funge como figura narrativa que acompaña al jugador mediante misiones, diálogos y eventos argumentales que buscan dotar de sentido al progreso y a los sacrificios.

Narrativamente, Cataclismo no aspira a reinventar la rueda de las historias postapocalípticas, pero sí logra insuflar una atmósfera convincente gracias a la relación entre el diseño del mundo, la progresión de amenaza y el sentido de urgencia constante. En algunos momentos, la narrativa se vuelve un poco autoconsciente: se esfuerza por transmitir tensión, sacrificio y pequeñas victorias, aunque en ocasiones cae en clichés del género. La vulnerabilidad palpable durante las noches y el efecto dramático que tienen las pérdidas materiales o humanas funcionan bien como motor emocional. No obstante, la historia adolece de poca profundidad en el desarrollo de personajes secundarios y en motivaciones individuales: muchas misiones se sienten utilitarias, diseñadas para activar mecánicas más que para sorprender con giros narrativos. En su conjunto, cumple correctamente para reforzar la experiencia, sin rozar la excelencia literaria.
El apartado de jugabilidad es, sin dudas, el núcleo más ambicioso y complejo de Cataclismo, y también aquel en el que mejor se puede apreciar su carácter experimental. Durante las fases de día, el jugador debe explorar el entorno, recolectar recursos (madera, piedra y otros materiales esenciales), investigar tecnologías y ampliar su base con nuevas edificaciones: viviendas para supervivientes, centros de producción y estructuras auxiliares que permiten sostener las defensas. Sin embargo, el elemento curioso es que muchas de esas edificaciones no son bloques prediseñados: el sistema permite construir pieza por pieza (sobre más de cien componentes distintos), lo que implica una libertad casi arquitectónica en la planificación de murallas, torres, pasillos elevados, puentes y plataformas. Esta flexibilidad, sumada a la gravedad y estabilidad estructural, imprime una tensión constante: una fortaleza pobremente diseñada puede colapsar ante el peso o al recibir impactos, provocando destrucciones internas.

Esa mecánica de construcción modular es una apuesta arriesgada: exige del jugador atención, esfuerzo y sentido espacial. En las primeras sesiones puede resultar algo tediosa o lenta cuando aún no se domina el ritmo de ensamblaje y recursos. Pero a medida que se interioriza el sistema, se vuelve gratificante ver cómo cada ladrillo colocado o cada arco reforzado marca la diferencia a la hora del ataque. Durante la noche, cuando las hordas irrumpen, el enfoque gira hacia la defensa: las unidades desplegadas (arqueros, artilleros, unidades explosivas, entre otras) atacan de forma automática a enemigos cercanos, pero su posicionamiento es esencial: la altura, la cobertura, los pasillos estrechos o el efecto de embudo pueden decidir quién sobrevive. En ese sentido, el juego propone un híbrido entre estrategia por posicionamiento y estética estructural.
El desafío constante reside en que el jugador debe equilibrar inversión entre expansión, mejora tecnológica y robustez defensiva. Si se dedica demasiado a embellecer o complicar la estructura, el frente sufre. Si se enfoca solo en eficiencia defensiva, pierde el pulso de progreso. A nivel de tensión, resulta muy estimulante: cada noche es una prueba distinta, con enemigos nuevos, caminos imprevisibles o fallos estructurales inesperados. En mis partidas hubo momentos de auténtico vértigo al contemplar el colapso de una torre o la filtración por una esquina mal sellada. Precisamente, uno de los aciertos es que el jugador no puede relajarse: la amenaza aumenta de forma progresiva, y los mapas propuestos en modos supervivencia y escaramuza obligan a adaptarse sin repetir fórmulas mecánicas.

Sin embargo, no es un sistema perfecto: en mapas grandes la gestión puede tumbar la paciencia, con rutas de transporte, optimización de acceso a recursos y escalado de defensas que requieren cierto micromaestro. Al uso intensivo del sistema modular le falta a veces una interfaz más ágil para acelerar construcciones habituales, y en momentos de apuro puede resultar engorroso modificar estructuras bajo presión. Además, la curva de aprendizaje es demandante y no siempre está bien acompañada por tutoriales claros. No obstante, para quienes disfrutan de juegos de estrategia exigentes, Cataclismo ofrece una de las experiencias más originales vistas recientemente: una amalgama de diseño, estrategia, construcción y tensión nocturna, todo integrado con coherencia
Visualmente, Cataclismo luce con sobriedad y precisión. La estética mezcla tonos oscuros y neblinosos con toques cálidos en las zonas defensivas y puntos de luz —antorchas, llamas de flechas incendiarias, linternas— que enfatizan el contraste entre refugio y amenaza. Las fortalezas construidas adquieren un carácter escultórico: cada pieza modular se integra con las estructuras vecinas, lo que permite que una construcción de murallas y torres se sienta única, con rincones poco ortodoxos, pasillos escarpados, plataformas elevadas y elementos ornamentales que contribuyen a su carácter visual. El detalle en las texturas de piedra, madera y metal es notable considerando la escala a la que pueden crecer las edificaciones. Las sombras, iluminación y efectos de partículas (humo, chispas, niebla persistente) refuerzan la tensión ambiental.

Durante los asaltos nocturnos, los efectos visuales de explosiones, portales oseznos y proyecciones de proyectiles impulsan la espectacularidad. Hay ocasiones en que la acumulación de unidades, efectos de impacto y elementos estructurales provocan cierta saturación visual —cuando lo que sucede en pantalla es denso, el jugador puede perder visibilidad en zonas concretas—, pero en general el motor mantiene la fluidez. En los modos de exploración, los escenarios presentan variedad: biomas áridos, boscosos, ruinas cubiertas por brumas o terrenos elevados. Estos escenarios no solo decoran, sino que influyen en cómo el jugador diseñará sus defensas, al elevar la importancia del terreno. El estilo general es atractivo, coherente y suficientemente sobrio para acentuar la atmósfera desesperada de la lucha por la supervivencia.

El único reproche leve es que algunas animaciones de unidades pueden sentirse algo rígidas en contadas ocasiones, o que en mapas complejos la distancia visual hace que ciertos elementos pequeños pierdan definición. Pero estos detalles no empañan la impresión general: Cataclismo se ve sólido, atractivo y comunica desde sus gráficos el drama que pretende representar.
En el apartado sonoro, Cataclismo ofrece un diseño competente y bien trabajado en sus tres vertientes: banda sonora, efectos y ambientación/doblaje. La música acompaña adecuadamente cada fase del juego: durante el día suena con ritmo pausado, tonos introspectivos, a veces melancólicos, mientras que en el crepúsculo y la noche la intensidad crece, con percusiones, cuerdas y armonías tensas que preparan al jugador para el asalto. Esa progresión sonora ayuda a marcar el paso del tiempo y la presión creciente.

Los efectos de sonido—el ensamblaje de ladrillos, el crujido de la madera al ceder, el estallido de proyectiles, el rugido de los enemies—son plásticos, bien definidos y crean impacto. Especialmente gratificante es el sonido de colocar bloques o columnas: un leve clic, un matiz de encaje, que multiplica el placer sensorial de construir. En las secuencias de combate, los sonidos de disparos, explosiones, vibraciones estructurales y choques metálicos aportan contundencia. A su vez, la ambientación —viento, niebla, siseo lejano, gemidos distantes de criaturas— crea una sensación de inmersión constante.
El doblaje cumple su papel: las líneas de Iris y otros personajes tienen entonación apropiada, aunque no destacan por sobresalir dramáticamente. En algunos pasajes narrativos se echa en falta cierta intensidad vocal para elevar momentos críticos, pero en general la interpretación no desentona con el tono general del título. Las voces ayudan a humanizar los eventos, aunque no convierten la experiencia en una experiencia narrativa de primer plano.
En conjunto, Cataclismo representa una experiencia estratégica valiente, con aciertos notables y algunos detalles mejorables. Su historia no es revolucionaria, pero sirve para contextualizar la urgencia del mundo y motivar la progresión. La jugabilidad, que es su eje central, brilla especialmente gracias al sistema modular de construcción pieza por pieza y a la combinación con defensa nocturna: exige atención, creatividad y adaptabilidad, lo que lo convierte en un título desafiante y atractivo para los aficionados al género. Gráficamente cumple sobradamente, con una estética coherente, efectos contundentes y escenarios variados que apoyan decisiones tácticas, aunque en momentos de saturación visual puede perder legibilidad. En el apartado sonoro responde con solvencia: música adecuada, efectos bien diseñados y doblaje correcto, que acompañan sin desentonar.

El valor de Cataclismo reside en su capacidad para mezclar componentes arquitectónicos con tensión táctica nocturna, generando una experiencia híbrida que pocos títulos actuales se atreven a explorar. Aunque exige paciencia, atención y una curva de aprendizaje exigente, recompensa con momentos memorables en que una defensa cuidadosamente construida resiste el embate, o cuando una estructura mal planificada colapsa con consecuencias drásticas. Si se busca un juego de estrategia que no repita fórmulas comunes y esté dispuesto a plantear retos constantes, Cataclismo es una opción sólida, fresca y estimulante dentro del panorama contemporáneo.
