Desde su anuncio en la plataforma Steam, Souls Survivors ha generado interés como una apuesta híbrida entre el género roguelite de acción intensiva y elementos dramáticos propios de los juegos “Souls-like”. La propuesta plantea un universo moribundo, donde el jugador debe abrirse paso entre hordas de enemigos, vencer poderosos jefes y reconstruir fragmentos del mundo al borde del colapso. Desarrollado por Nomade Games (o en algunas referencias bajo nombres alternativos), el título recoge influencias del “time-survival action” y del RPG de acción y pretende ofrecer una experiencia que combine desafío, rejugabilidad y exploración de un lore oscuro. Aunque aún no está disponible de forma completa (publicado en “Early Access” o previsto para 2025), la versión accesible ya permite vislumbrar sus intenciones y las debilidades sobre las que deberá pulir su identidad final.

El antecedente inmediato de Souls Survivors en su catálogo digital lo sitúa en la línea de juegos que fusionan acción constante, progresión por oleadas y muerte permanente, con matices RPG. En su ficha de Steam se describe como un roguelite dinámico donde cada partida brinda una nueva oportunidad para salvar el universo o perecer con él (según la propia descripción promocional). Es habitual, en esta clase de juegos nacientes, comparar sus mecánicas con títulos como Vampire Survivors, Risk of Rain u otros representantes del género “auto-shooter / supervivencia por tiempo” que han demostrado lo adictivo de su fórmula, aunque también han acusado críticas por reiteración o superficialidad. Souls Survivors asume esas referencias y pretende aportar su personalidad: la capacidad de desbloquear héroes de realidades fragmentadas, construir sinergias complejas entre habilidades y explorar escenarios con mecánicas particulares, con eventos dinámicos y trampas ambientales. En ese sentido, el proyecto llama la atención por su ambición, aunque queda por comprobar si puede sostenerse con firmeza más allá del efecto novedad.
El argumento de Souls Survivors gira en torno a un universo en descomposición, donde las últimas civilizaciones sucumben y solo reman fragmentos de mundos terrestres, bosques malditos, ciudades suspendidas y ruinas olvidadas. En ese contexto apocalíptico emergen héroes que deben descubrir quién o qué causó ese declive universal y, combinando poderes de distintas realidades, restaurar el equilibrio antes de que todo se desvanezca. En la descripción oficial se menciona que los jugadores explorarán los restos de mundos caídos, recolectarán fragmentos del pasado y desentrañarán secretos que narran la caída cosmológica del universo.

Al enfrentarse con esta narrativa, se percibe un enfoque intencionalmente fragmentado: no hay una gran cinemática inicial o un vasto prólogo que presente de forma clara cada línea argumental. Más bien, la historia se revela por pequeñas dosis, mediante artefactos, fragmentos, textos y algunos eventos dentro de los niveles. Esto favorece el misterio, pero también genera que a menudo el jugador actúe más por curiosidad mecánica que por impulso narrativo. En mi experiencia, la ambientación sugiere un mundo melancólico y ominoso, con rostros rotos del pasado que apenas se reconstruyen por medio de líneas narrativas mínimas. Esa sutileza puede atraer al jugador habitual de mundos oscuros con trasfondo críptico, pero al mismo tiempo corre el riesgo de que alguien más pragmático no encuentre motivos suficientes para persistir más allá de lo mecánico.

El punto más atractivo de la historia radica en su promesa de expansión: cada héroe desbloqueado procede de una realidad fragmentada y aporta su trasfondo propio, lo que permite imaginar que, conforme avance el desarrollo, el título desplegará arcos dramáticos más densos y personalidades más definidas. Por ahora, esa promesa es tentadora pero aún no del todo cumplida. Queda por ver si los eventos dinámicos y los secretos de escenario logran cohesionar el relato de manera que el jugador se sienta parte de ese universo en ruinas y no solo un ejecutor de oleadas.
La jugabilidad es el eje central de Souls Survivors, y es aquí donde el juego muestra sus virtudes y sus retos más evidentes. A grandes rasgos, el título se inscribe en el subgénero “time-survival roguelite”: el jugador entra a una arena o mapa, combate por un tiempo determinado contra hordas crecientes de enemigos, acumula recursos (experiencia, fragmentos, mejoras) y al concluir el nivel enfrenta un jefe. Luego, el ciclo se reinicia con elementos persistentes desbloqueados, nuevas combinaciones de habilidades y la intención de superar progresivamente los límites. En este sentido, la propuesta no es novedosa, pero sí busca pulir detalles de ritmo, presión constante y combinación de habilidades.

Durante las partidas, el jugador debe moverse con destreza, esquivar proyectiles y ataques enemigos, y elegir con criterio las mejoras que surgen al subir de nivel. El diseño de enemigos es variado: desde guerreros caídos y bestias demoníacas hasta horrores cibernéticos, y cada bioma incorpora trampas ambientales, eventos dinámicos y obstáculos que obligan al jugador a adaptarse. Esa variedad ayuda a que el juego no se torne repetitivo tan rápido, aunque en algunos momentos la repetición de patrones es inevitable. Las batallas contra jefes se convierten en retos mayores: fases múltiples, ataques memorables y cambios de ritmo definen esos encuentros, aunque en ocasiones resultan demasiado desbalanceados respecto al resto del mapa, llevando al jugador a depender excesivamente de su equipamiento persistente y menos del dominio de la mecánica particular de ese jefe.

Durante mis sesiones, valoré especialmente la amplitud de combinaciones de habilidades: el juego propone “builds” muy flexibles, talentos únicos para cada héroe y la posibilidad de descubrir sinergias inesperadas entre efectos y pasivos. Eso otorga una capa estratégica que no se limita a matar lo más rápido posible, sino a pensar en qué camino potenciar en cada corrida. Además, algunos personajes juegan muy distinto entre sí —por ejemplo uno puede manejar invocaciones mientras otro se centra en daño directo— lo cual refresca la experiencia cuando se cambia de héroe. No obstante, esa misma amplitud puede penalizar al jugador menos metódico: la curva de aprendizaje para explorar combinaciones óptimas es bastante exigente, y las primeras partidas pueden sentirse mecánicamente tibias si no se sabe hacia dónde orientar las mejoras.

Otra cuestión a tener en cuenta es el ritmo global de la partida. En tramos intermedios, cuando no hay oleadas masivas pero el jugador aún no alcanza las mejoras más poderosas, la tensión puede disminuir y provocar momentos de letargo. En esos instantes, el mapa se siente menos hostil, y la amenaza parece menos inminente. Esa alternancia entre momentos frenéticos y otros más calmados es inherente al género, pero Souls Survivors a veces no logra suavizar ese contraste completamente. Por otra parte, el balance de riesgo y recompensa está bien concebido: optar por explorar zonas peligrosas puede ofrecer fragmentos secretos o mejoras sustanciales, pero también exponer al jugador a una muerte prematura. Esta tensión constante es uno de los aciertos del diseño.
Finalmente, el sistema de progresión persistente merece atención: los desbloqueos permanentes ayudan a mitigar la frustración de cada derrota, pues cada corrida fallida añade valor al jugador en forma de mejoras. Esa filosofía “morir pero no en vano” está bien implementada. Sin embargo, he notado que el peso del meta-progreso puede llegar a interferir: algunas mejoras parecen demasiado atractivas frente a la experimentación en cada partida, y puede crear una ruta casi “obligatoria” para alcanzar un umbral mínimo de viabilidad en niveles altos. En resumen, la jugabilidad compone el punto más rico del juego: ambiciosa, diversa y retadora, aunque con desequilibrios puntuales y momentos de transición flojos.
En el apartado visual, Souls Survivors adopta un estilo técnico que fusiona estética oscura, detalles góticos y una paleta de colores sombríos. Los escenarios (ruinas, bosques malditos, ciudades suspendidas) se diseñan con texturas detalladas y luces ambientales que dotan de atmósfera melancólica al entorno. No se trata de un juego puntero en gráficos fotorrealistas, pero su estilo artístico logra crear ambientes sugestivos que acompañan bien el tono del mundo moribundo. Los efectos visuales durante la acción —explosiones, habilidades, proyectiles, destellos mágicos—, aunque intensos, en general se integran con coherencia y evitan que la pantalla se vuelva caótica salvo en momentos extremos.

Durante las partidas, sin embargo, hay momentos en que la saturación de efectos visuales reduce la claridad: cuando muchas habilidades activas y enemigos lanzan efectos de área, proyectiles y explosiones simultáneas, el jugador puede perder de vista los bordes de su personaje o distinguir con precisión qué está afectando a qué. Eso introduce un costo visual en las escenas más cargadas, y en ocasiones la confusión visual resta algo de control. Aun así, el equipo de diseño parece consciente del problema y en muchas pruebas logra un buen compromiso entre espectacularidad y legibilidad.

Los héroes y personajes desbloqueables están cuidados: cada uno tiene rasgos distintivos y animaciones propias que los hacen identificables en combate. No obstante, algunos personajes secundarios o entidades menores adoptan modelos más genéricos, y no siempre sorprenden en cuanto a originalidad visual. En el conjunto, el diseño artístico está a la altura de las expectativas para un juego independiente ambicioso: logra transmitir el peso del mundo y la decadencia sin necesitar gráficos excesivamente complejos, aunque con margen para mejorar en claridad bajo presión visual intensa
El diseño sonoro en Souls Survivors cumple una función clave para la inmersión: la banda sonora es sobria, con tonalidades tenebrosas que elevan el sentido de urgencia en escenarios críticos. No busca melodías memorables sino atmósferas que refuercen el ambiente opresivo. Durante los momentos de exploración, los acordes y motivos ambientales se mantienen contenidos, dejando paso a silencios que intensifican la tensión cuando aparecen oleadas o jefes. En ese sentido, la música acompaña sin imponer, y su papel es more de acompañamiento que de protagonista.

Los efectos de sonido en combate están bien logrados: los impactos tienen peso, los proyectiles y ataques mágicos generan ecos adecuados, y los efectos de área o explosiones rematan la sensación de caos controlado. Cuando el jugador aplica habilidades especiales, los sonidos de activación enfatizan el momento decisivo, y la mezcla general ayuda a distinguir entre distintos tipos de ataques enemigos. En los jefes más grandes, el diseño de sonido potencia la sensación de amenaza mediante rugidos, impactos contundentes y cambios de intensidad sonora.
En cuanto al doblaje or voces narrativas, Souls Survivors parece apostar por textos escritos y fragmentos sonoros más puntuales que un doblaje completo; en la versión accesible no se percibe una actuación vocal abundante ni diálogos con voces completas. Esa ausencia no penaliza demasiado en esta fase, ya que el foco está sobre la acción, pero limita la capacidad del juego de construir momentos narrativos fuertes a través del sonido hablado. En el futuro, si el estudio decide incorporar más voz o actuaciones dramáticas, el resultado podría fortalecer la conexión emocional. Por ahora, el sonido acompaña correctamente la experiencia, sirve a la atmósfera y se integra sin grandes fallos perceptibles.
A lo largo del recorrido por los distintos aspectos de Souls Survivors, sobresalen varios acentos relevantes. En la historia, la propuesta de un universo en ruinas y fragmentado crea un trasfondo oscuro y sugerente, aunque aún no está completamente cohesionado ni expuesto con fuerza narrativa. La jugabilidad representa el mayor activo: ofrece acción constante, variedad de combinaciones, tensión estratégica y un sistema de progresión persistente que premia cada intento. Aun así, sufre de desequilibrios en algunos jefes, altibajos de ritmo y sobrecarga visual en momentos masivos. En el plano gráfico, el juego logra transmitir con éxito la ambientación melancólica y sombría, aunque debe refinar la legibilidad cuando los efectos se acumulan. Y en el sonido, la ambientación musical, los efectos de combate y la mezcla general sostienen la inmersión; el componente vocal queda como área de posible expansión futura.

En conjunto, Souls Survivors se presenta como una propuesta prometedora dentro del segmento roguelite de acción, con ambición y carácter, aunque aún con algunas imperfecciones que deberían pulirse hacia su versión definitiva. No es el juego perfecto, pero sí es uno que merece atención por su deseo de ir más allá del simple “matar hordas” y agregar capas de estrategia, exploración y ritmo narrativo sutil. Si el equipo de desarrollo continúa refinando el equilibrio entre fluidez, claridad visual y profundidad progresiva, podría consolidarse como un título destacado en su género.]]
